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¿Cómo un elefante blanco y un ajedrez cambiaron el mundo?

El Elefante de Carlomagno

Si hay algo en el mundo que a todos agrada, son los regalos. Ya sea un obsequio caro y glorioso, o un presente pequeño y modesto, a lo largo de la historia, y en especial en la historia antigua, los seres humanos se han dado obsequios entre sí por diversas razones. Aquellos que eran particularmente buenos en esto fueron, por supuesto, los gobernantes de los estados, los reinos y los imperios. Cuando un gobernante quería reforzar una alianza, mantener algún asunto en secreto o recibir la bondad de una persona importante, la mejor manera de hacerlo era enviar una distinguida delegación diplomática con un regalo costoso y especial: una joya, una obra de arte, una caja con piedras preciosas o cualquier otra posesión hermosa que probablemente, hoy en día, se encuentre en algún museo.

Un buen ejemplo de tal expedición fue la enviada hacia finales del siglo VIII por Carlomagno, rey de los francos y uno de los grandes gobernantes de la Europa medieval, a Harún Al-Rashid, el califa musulmán de Bagdad. Los dos tenían enemigos comunes: el Imperio Bizantino con el que los dos compartían una frontera común y que ninguno de los dos soportaba; Y el estado musulmán establecido por los omeyas, califas anteriores y rivales de Harún Al-Rashid, en España limitando también con los territorios del rey Franco. Además, Carlomagno tenía otro interés: garantizar la seguridad y la protección de los peregrinos cristianos que llegaban de su reino a Jerusalén, que entonces estaba bajo dominio musulmán. Por eso, como se mencionó, en el año 797 Carlomagno envió una delegación desde la ciudad de Aquisgrán, ahora en Alemania, al largo viaje hacia Bagdad.

Alianza entre Carlomagno y Harún Al-Rashid

Luego de la larga travesía el gabinete del califa dio la bienvenida a la delegación en Bagdad, sin mostrar demasiada prisa por devolver una respuesta a Europa. Solo después de que el Papa proclamó emperador a Carlomagno en 800, 3 años después.

Durante el califato de Harún al-Rashid el imperio musulmán llegó a gran esplendor, fue el quinto y más famoso califa de la dinastía abasí de Bagdad. Su fama y poderío fueron inmortalizados en “Las mil y una noches”, donde él, su esposa Zobeida y varios de sus cortesanos protagonizan numerosas historias. Fue un hombre culto y bien dado para la estrategia y la diplomacia, el ajedrez jugaba un papel importante en su corte. Al califa le encantaba el ajedrez y pagaba un salario a jugadores profesionales. En el año 802, el nuevo emperador bizantino, Nicéforo I, envió una carta al califa para informarle que daba por concluido el acuerdo de paz firmado con la emperatriz Irene. El nuevo emperador de Bizancio escribió la carta utilizando términos ajedrecísticos y comentando que no estaba dispuesto a «continuar actuando como un peón contra una torre, tal y como había hecho la emperatriz Irene con respecto al califa”. Eso enfureció al califa, que poco después invadió Turquía (Asia Menor) y derrotó a los bizantinos.

La imaginación de Julius Köckert (1827-1918) del desafortunado Lantfrid y Segismundo que llegan a la corte de Harun al-Rashid (1864)

Julius Köckert (1827-1918) del desafortunado arrivo de Lantfrid y Segismundo a la corte de Harun al-Rashid (1864)

El califa decidió que era hora de devolver la expedición, pero no con las manos vacías. Él envió utensilios de metal, telas de seda, perfumes, utensilios de marfil e incluso un reloj de agua diseñado en Bagdad, pero dos cosas en especial destacaban del resto de los obsequios, un elefante blanco al que se le dio el nombre de Abu al-Abbas el cual era totalmente exótico para los pueblos europeos y un juego de ajedrez, desconocido hasta ese entonces en Europa. Así, la expedición partió con el elefante, el ajedrez y el resto de los obsequios hacia África, con el objetivo de navegar desde allí a Europa.

El tributo del califa Harun al Rashid a Carlomagno (1663) - Jacob Jordaens

El tributo del califa Harun al Rashid a Carlomagno (1663) – Jacob Jordaens

No se conoce con certeza donde se inventó el ajedrez y en la misma discusión se supone que existe una íntima relación entre el juego y lo militar. Quizá sea porque uno de los presuntos antecedentes del juego, el Chaturanga, era una representación de los cuatro cuerpos que formaban el ejército indio, o quizá porque estrategia y táctica son disciplinas comunes a ambas actividades. Lo cierto es que los historiadores aun discuten con pasión qué cultura inventó el juego, siempre encontrando en sus orígenes la representación simbólica de las sociedades que lo crearon. Y estas sociedades eran fundamentalmente guerreras, por lo que las piezas de los diversos ajedreces arcaicos representan ejércitos con sus reyes, generales, asesores, caballería y carros de combate. Aunque hay quien mantiene que el ajedrez es el juego de los filósofos y representa su propia cosmogonía con sus combates espirituales entre el orden y el caos, la luz y las tinieblas. Y no cabe duda de que este juego conserva una íntima relación con la figura del rey europeo, el conquistador y el pensador, quien es considerado no solo como el fundador de las monarquías francesa y alemana, que le nombran como Carlos I, sino también como «el padre de Europa».

Los regalos que recibió Carlomagno del califa no tenían precedentes: lujo y riqueza interesante y misteriosa y parecía, también, que el rey había logrado lo que quería: permitir a sus ciudadanos el peregrinaje seguro a los lugares santos en la Tierra de Israel. A lo largo de su reinado, Carlos I envió dos delegaciones más a Bagdad, con el fin de fortalecer y mantener los lazos formados entre él y Harún Al-Rashid, pero no hay duda de que la primera delegación y especialmente el legendario elefante Abu al-Abbas y el juego de ajedrez, son las más recordadas en la historia europea.

Tributo a Carlomagno

Es posible que siga habiendo huellas del tablero de ajedrez regalado por el califa. En un museo en París, se guarda el llamado «Juego de ajedrez de Carlomagno» que formaba parte de la antigua colección real francesa del monasterio de San Denís, vinculada con los tiempos de Carlomagno.

Destaca el uso de una pieza del rey sobre un elefante. La pieza lleva grabada una inscripción en árabe traducida como «hecho por Yusuf al-Bahilis», lo cual ayuda a datarlo como objeto del siglo IX y posiblemente pueda ser relacionado con la ciudad de Basora, al sur de Iraq. Por lo tanto, esta pieza de ajedrez podría haber sido parte del regalo del califa a Carlomagno.

El rey elefante inicialmente era único y por lo tanto se dudaba que fuese una pieza de ajedrez. Es extraordinariamente alta (16 centímetros) y pesa casi un kilo. La pieza tiene una base redonda y estable, justamente lo que viene bien para una pieza de ajedrez.

Pieza del Rey Elefante

El elefante de Carlomagno cuenta una pequeña historia. Probablemente representa a un rey que está rodeado por una serie de caballeros que actúan como ayudantes. Uno de los hombres está colgado de la cabeza del elefante, al parecer tirado al aire por el animal. Podemos ver el esfuerzo del enemigo por dar jaque mate al rey enemigo. «Jaque Mate» del árabe شاه مات (shâh mâta), que significa «el rey está atrapado» o «el rey no tiene escapatoria».

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