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El Libro de Enoc

Entre ángeles y gigantes

El Libro de Enoc: entre ángeles y gigantes

Hoy comenzamos una nueva serie de articulos, y el título de esta serie está inspirado en una frase corta del renombrado profesor judío-americano Daniel Boyarin: “El público de Jesús no estaba solo en la escena judía”. Intentaremos saber quién más estaba en esa escena además de los seguidores de Jesús, y qué pasaba con el judaísmo a pasos de la destrucción del Segundo Gran Templo de Jerusalen y la posterior expulsión. Y ¿Qué es el Libro de Enoc? Y ¿Qué tiene que ver con todo esto?

ESCENA JUDÍA EN LOS TIEMPOS DE JESÚS

El “público de Jesús” definitivamente no estaba solo: habían direcciones y enseñanzas muy diversas en el judaísmo antes de la destrucción del Templo. Todas estas fuentes diferían bastante, tanto en teología como en la práctica, pero todas creían firmemente que la Torá fue dada por Dios a Moisés en el Monte Sinaí, y la Torá era la base intocable e incuestionable de todas estas direcciones y enseñanzas sin excepción. Muchos de los textos judíos del Segundo Templo, presentan una nueva versión expandida de la Torá. Sin embargo, aunque aquellos textos o enseñanzas fueron construidos sobre la Torá y alrededor de ella, tenían formas muy diferentes de comprenderlos y diferentes interpretaciones de la Torá. Así pues, nuestro objetivo al estudiar tales textos, es captar las ideas y las interpretaciones que estaban vivas en la escena judía en los tiempos de Jesús —tener una idea de esta escena judía—. “Los escritores del Nuevo Testamento, siendo predominantemente judíos y productores del Periodo del Segundo Templo”, estuvieron definitivamente influenciados por estas ideas. Francamente no podemos verlo porque no tenemos visión judía del Segundo Templo. Olvidamos lo que la audiencia original había visto”. Para escoger una designación más académica, necesitamos entender el contexto histórico y cultural del Nuevo Testamento. Nuestro primer texto será el Primer Libro de Enoc —sin duda el trabajo apocalíptico más importante fuera de las Escrituras canónicas—.

PRIMERA DE ENOC

I de Enoc es una colección de textos apocalípticos judíos fechados dentro de los tres siglos antes de la Era Común. Muchos académicos creen que I de Enoc fue originalmente escrito en arameo y que las partes más antiguas fueron escritas ya en el siglo III a.C. Algunos eruditos consideran el redescubrimiento del judaísmo de Enoc como uno de los mayores logros de la investigación contemporánea dentro del judaísmo del Segundo Templo, y la inmensa mayoría reconoce la importancia del judaísmo de Enoc en el desarrollo del pensamiento judío antiguo.

El Primer Libro de Enoc, o Enoc etíope, de hecho es una recopilación de cinco libros, cada uno de los cuales aparece con su propio título y normalmente con su propia conclusión. Estos cinco libros, conocidos como el Libro de los Vigilantes (capítulos 1-36), Las Similitudes (conocidas también como Parábolas, capítulos 37-71), el Libro de la Luminarias (capítulos 72-82), el Libro de los Sueños (capítulos 83-90) y la Epístola de Enoc (capítulos 92-105), están combinados dentro de una obra única en la versión etíope, la cual se conserva por completo. Además del texto de la versión etíope, extensas partes del libro han sobrevivido en griego. Fragmentos de cada sección del libro, excepto el de Similitudes, se han encontrado también en Qumran (todo en arameo).

Muchos eruditos del cristianismo primitivo ven el valor principal de este libro al proporcionar aspectos adicionales del Nuevo Testamento: gracias al Libro de Enoc, podemos ver “que la extensión de ideas alrededor de lo que llamamos cristología, la historia de Jesús como Mesías divino-humano, también fue parte (si no parcela) de la diversidad judía en ese tiempo”. Más adelante comentaremos estos aspectos y también estas ideas. Sin embargo, comenzaremos con la primera parte del Libro de Enoc, la cual nos ayudará a comprender uno de los más enigmáticos pasajes de la Torá: el Libro de los Vigilantes.

Los Rollos del Mar Muerto

¿QUIÉNES ERAN LOS HIJOS DE DIOS?

Pocos pasajes de la Biblia plantean tantas preguntas como el desconocido comienzo del capítulo 6 del libro de Génesis:

1 Cuando los hombres comenzaron a multiplicarse por toda la faz de la tierra, y les nacieron hijas, 2 sucedió que los hijos de Dios vieron que las hijas de los hombres eran hermosas. Entonces tomaron mujeres para sí, las que escogieron de entre ellas…
4 En esos días había gigantes en la tierra, y también después de que los hijos de Dios se unieran a las hijas de los hombres y les engendraran hijos. Éstos fueron los grandes héroes que desde la antigüedad ganaron renombre.

Estos versículos de Génesis 6 han estado sujetos a controversias durante mucho tiempo. Durante siglos, la gente ha debatido si la expresión “los hijos de Dios” se refiere a los ángeles o a los hombres, y quiénes eran esos gigantes (que aparecen en hebreo escrito como “nefilim” o sea, los caidos). Muchos eruditos respetables han comentado sobre este tema durante años y todavía se debate la identidad de los nefilim y los hijos de Dios.

La traducción de las palabras hebreas “los hijos de Dios” son b’nai ha Elohim, ‎בְנֵי־הָֽאֱלֹהִים֙. ¿Se refiere la Torá a los ángeles o simplemente a “los hijos de los gobernantes”, o a “los hijos de los nobles” tal como algunas traducciones judías traducen aquí b’nai ha Elohim? Probablemente muchos de ustedes saben que el nombre הָֽאֱלֹהִים֙ (Elohim) es una forma plural y puede leerse no solo como “Dios”, sino también como “dioses” o incluso como “señores, gobernantes”, y eso es exactamente como los comentarios judíos eligen al leer esta palabra en este versículo en particular. Tenemos “los hijos de los príncipes” en el Targumim y “los hijos de los jueces” en Midrashim —de hecho, “la interpretación angelical” (que eran ángeles o alguna especie de seres divinos), mientras que no es muy popular en el cristianismo moderno, es casi inexistente en el judaísmo moderno—. Sin embargo, era completamente diferente en el judaísmo del Segundo Templo. En el judaísmo del Segundo Templo leemos en Génesis 6:1-4 no solo la historia de una rebelión sobrenatural, sino uno de los pasajes más importantes de la teología bíblica. Mientras que en Génesis ocupa tan solo unos pocos versículos, durante el Periodo del Segundo Templo recibe gran atención, tal como podemos ver en la historia de los Vigilantes en I de Enoc, que es solo una expansión de este episodio.

entre ángeles y gigantes

EL LIBRO DE LOS VIGILANTES

Así pues, el Libro de los Vigilantes es la primera parte de I de Enoc. Hay una extensa porción remarcable de contenido común con la Biblia hebrea en este libro: por ejemplo, Adán y Eva; Caín y Abel; el matrimonio de los ángeles con las hijas de los hombres. Aun así, son precisamente las diferencias y lo añadido en el recuento de las famosas narrativas bíblicas, lo que capta nuestra atención, y posiblemente pueden señalar algún patrón específico y conceptos en el pensamiento judío del Segundo Templo. El ejemplo más sorprendente de esta discrepancia la encontramos en el desconocido comienzo del capítulo 6 del libro de Génesis. Mientras que la historia ocupa tan solo unos pocos versículos en el Génesis, viene a ser la principal narrativa en el Libro de los Vigilantes, donde los capítulos 6-9 cuentan la historia (de hecho, dos historias entrelazadas) sobre la caída de los ángeles malos. Leamos juntos unos pocos versículos de I de Enoc 6-7 para que podamos ver cómo el escritor explica Génesis 6:1-4:

I de Enoc 6:1 Y cuando los hijos de los hombres se multiplicaron, en aquellos días, les nacieron hijas hermosas y atractivas. 2 Y los vigilantes, los hijos del cielo, las vieron y las desearon. Y se dijeron unos a otros: “Vayamos, escojamos esposas para nosotros de entre las hijas de los hombres, y engendremos hijos para nosotros”… 5 Entonces ellos juraron entre ellos y se comprometieron mediante maldición. 6 Y todos ellos eran doscientos, quienes descendieron en los días de Jared hasta la cima del Monte Hermón [ 53]…
I de Enoc 7:1 Estos y todos los otros con ellos tomaron esposas de entre ellas según las escogieron. Y empezaron a allegarse a ellas, y a contaminarse a través de ellas, y les enseñaron sortilegios y encantamientos, y les revelaron cómo cortar las raíces y las plantas. 2 Y ellas concibieron de ellos y les parieron gigantes enormes. Y los gigantes engendraron a los Nefilim…

EL PECADO DE LOS VIGILANTES

En mi último post mencioné que, aunque la interpretación sobrenatural de Génesis 6:1-4 (que los “hijos de Dios” eran ángeles o alguna clase de seres divinos) no es muy popular ni el cristianismo moderno ni en el judaísmo moderno, no fue el caso en el judaísmo del Segundo Templo. Según el Libro de Enoc, los Vigilantes (los “hijos de Dios” de Génesis) “son claramente seres celestiales (no humanos) cuyas actitudes son consideradas no solo como moralmente perversas, sino como espiritualmente destructivas”. El Libro de los Vigilantes describe la revuelta de los vigilantes celestiales, que trae el mal sobre la tierra y predice el juicio de Dios. Los vigilantes traen gigantes sobre la tierra como consecuencia de la unión con mujeres humanas, y esos gigantes son malvados. Entonces, en el capítulo 10, Dios finalmente interviene y la historia familiar de Noé comienza.

Sin embargo, el judaísmo del Segundo Templo vio no solo la historia de la rebelión sobrenatural en Génesis 6:1-4, sino uno de los pasajes centrales de la teología bíblica y en comprender el plan de Dios en la historia. Aquí hay una cita muy importante de Michael Heiser en la introducción de su libro, explicando por qué este tema es tan importante: “Si alguien fuese a preguntar a un cristiano moderno: “¿Por qué el mundo y toda la humanidad es tan malvada?” Existirían grandes posibilidades de que la respuesta sea por “la caída”. Hemos estado condicionados por la historia de la Iglesia (antigua y moderna) en mirar solo Génesis 3 para tal teología. Pero si le hacemos la misma pregunta a un judío viviendo en el periodo del Segundo Templo, la respuesta sería dramáticamente diferente. Sí, la entrada del pecado en el mundo bueno de Dios, ocurrió en el Edén, pero el testimonio unánime del judaísmo del Segundo Templo, es que los vigilantes son culpables de la proliferación del mal sobre la Tierra”.

Ya que los escritores del Nuevo Testamento pertenecen al judaísmo del Segundo Templo, esta comprensión de los vigilantes como responsables de propagar el mal sobre la Tierra, ha sido parte de su teología. “Consecuentemente, para los escritores del Nuevo Testamento, la llegada de Jesús… significó no solo revertir la maldición de la muerte traída sobre la humanidad por causa del pecado de Adán, sino también deshacer la depravación”.

En el próximo artículo intentaremos leer el Nuevo Testamento a través de los ojos judíos del Segundo Templo, y ver los trazos de este concepto en sus propias páginas.

Serie de artículos escrita por Julia Blum

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