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I De Enoc

Nuevas Respuestas Para Viejas Preguntas

I De Enoc: Nuevas Respuestas Para Viejas Preguntas

LA REVERSIÓN DEL MAL

Terminamos nuestro último artículo con la tesis, dibujada a grandes rasgos por la obra del Dr. Michael Heiser, de que el judaísmo del Segundo Templo visto en Génesis 6:1-4, no solo es la historia de la rebelión sobrenatural, sino uno de los pasajes centrales de la teología bíblica y de la comprensión del plan de Dios en la historia: “Sí, la entrada del pecado al mundo bueno de Dios, ocurrió en el Edén, pero el testimonio unánime del judaísmo del Segundo Templo es que, los vigilantes fueron los culpables de la proliferación del mal en la Tierra”. Según los escritores del Nuevo Testamento que pertenecían al judaísmo del Segundo Templo, esta comprensión de los vigilantes como responsables de que el mal se esparciera por la Tierra y el tema de contrarrestar los efectos del mal, tenía que ser parte de su teología. “Consecuentemente, no debe ser ninguna sorpresa que el pecado de los vigilantes estaba guardado en sus mentes ya que ellos escribieron sobre lo que el Mesías, Jesús de Nazaret, debe, hizo y revertiría en Su venida y retorno”. Los escritores del Nuevo Testamento sabían que la misión de Jesús era revocar el pecado — y si ellos creyeron que el mal entró y se expandió por los vigilantes, entonces Jesús tenía que contrarrestar lo que los vigilantes hicieron —.

Intentemos ver los trazos de esta teología del Segundo Templo en los evangelios. Descubriremos las referencias de los vigilantes y su pecado, y el mal que ellos trajeron, y se sorprenderán al ver que estas referencias, una vez descubiertas, esparcen luz en algunas escrituras confusas—de repente, cuestiones que se han intentado resolver durante mucho tiempo, encontrarán respuestas claras—.

CUATRO MUJERES

Y aquí está la primera pregunta — la que probablemente ha sido hecha muchas veces por un número sin fin de personas desde que el Evangelio de Mateo fuera escrito —: ¿Por qué las cuatro mujeres son nombradas por Mateo, en la genealogía de Jesús, Tamar, Rahab, Rut y Betsabé? Existen cuatro matriarcas bíblicas tradicionales en Israel: Sara, Rebeca, Raquel y Lea; si Mateo decidió incluir mujeres, e incluir a cuatro de ellas, ¿no sería más lógico tener a estas cuatro madres en la genealogía del Mesías judío? ¿Por qué no se mencionan las matriarcas en absoluto, mientras que estas cuatro mujeres son explícitamente nombradas en el linaje de Jesús?

Demos una rápida ojeada a estas mujeres.

Tamar – La historia de Tamar se encuentra en Génesis 38. Probablemente es cananea (aunque el texto no lo dice explícitamente); es viuda, después de una doble tragedia que pasó (la muerte de sus dos maridos), parece ser que ella permanecería sin hijos, sin embargo, se disfraza como prostituta y engaña a Judá su suegro, para de este modo tener un hijo de él. “Y la vio Judá, y la tuvo por ramera, porque ella había cubierto su rostro” (Génesis 38:15). De esta unión, nace Perez y de él descenderán David y Jesús. Suficientemente interesante, no encontramos ninguna condenación respecto a Tamar en la Torá, aunque está claro que su desesperada acción no fue una acción normal, regular, ni ejemplar.

Rahab – Encontramos la historia de Rahab en el libro de Josué, en los capítulos 2 y 6. A diferencia de Tamar, que se disfrazó de prostituta, Rahab realmente fue una prostituta. Ella vivía en Jericó y ciertamente era gentil. El libro de Josué nos dice que “Mas Josué salvó la vida a Rahab la ramera, y a la casa de su padre, y a todo lo que ella tenía; y habitó ella entre los israelitas hasta hoy, por cuanto escondió a los mensajeros que Josué había enviado a reconocer a Jericó» (Josué 6:25).

Rut – (del libro de Rut) – Así como Rahab, Rut es claramente gentil, una moabita. Su pasado en sí es de interés: para Israel, las mujeres moabitas eran asociadas con seducción e idolatría. Esta asociación viene del conocido episodio en el desierto, en Números 25 cuando los israelitas se vieron involucrados con las mujeres de Moab y las siguieron en idolatría. Sin embargo, más allá de sus raíces, Rut hace algo que, como en el caso de Tamar, habría sido una sensación “incorrecta” para los antiguos lectores judíos. En el capítulo 3 “Descendió, pues, a la era… Y cuando Booz hubo comido y bebido, y su corazón estuvo contento, se retiró a dormir a un lado del montón. Entonces ella vino calladamente, y le descubrió los pies y se acostó” (Rut 3:6,7). La palabra hebrea traducida como “pies” (regel) es un conocido eufemismo para genitales en la Biblia hebrea… Al descubrir los “pies” de Booz (genitales) Rut está en efecto, ofreciéndose a Booz como esposa. Dado el entorno patriarcal de la cultura israelita, esto era una transgresión de la forma en que las cosas se hacían normalmente…”

Betsabé – Todos conocemos la historia del adulterio de David con Betsabé y el asesinato de su marido, Urías el heteo (2 Samuel 11:1-27) – y claramente, como en las historias previas, una transgresión sexual también es evidente aquí.

Así pues, podemos ver que las cuatro mujeres en Mateo 1, de algún modo tienen conexión con relaciones sexuales ilícitas. La académica del Nuevo Testamento Amy Richter cree que lo que ella llama “Patrón de los vigilantes Enocianos” es esencial para entender a las mujeres en la genealogía de Jesús: Según este patrón conductivo, el mal entró al mundo cuando los vigilantes transgredieron sus limitaciones celestiales para comprometerse en contactos ilícitos sexuales con mujeres y enseñarles artes ilícitas… Las consecuencias de la transgresión de los vigilantes son violencia, injusticia, maldad, idolatría y enfermedades”. Richter cree que las cuatro mujeres de la Biblia hebrea mencionadas por Mateo en la genealogía de Jesús, están conectadas por el “Patrón de los vigilantes Enocianos”—y por eso ellas presagian la reversión de la transgresión de los vigilantes que el Mesías traería—.

Ahora podemos intentar responder la pregunta de por qué fueron mencionadas estas cuatro mujeres por Mateo. El pecado de los vigilantes era de naturaleza sexual, y las consecuencias de la caída de los vigilantes son evidentes en todas estas cuatro historias, y esta es la razón principal para que estas mujeres sean incluidas en la genealogía del Mesías, quien traería lo opuesto y repararía las consecuencias del pecado de los vigilantes. Una parte esencial de la tradición judía es la creencia de que cuando el Mesías venga, todas las cosas serán reparadas (incluso los cerdos serán kosher). —y si recordamos la caída de los vigilantes, ya podemos ver esta creencia reflejada en la genealogía de Mateo—.

4 mujeres

TIKKUN OLAM Y LA ANULACIÓN DEL MAL

Me gustaría hacer un alto aquí y poner mi granito de arena en este fascinante tema. Primero que todo, probablemente habrán escuchado la expresión hebrea: “Tikkun Olam”, “reparar el mundo”. Según documentos, el uso de este término data del periodo de la Mishna (aproximadamente 10-220 d.C.). Esto significa que el término y el concepto, podrían muy bien haber existido en tiempos de Jesús, y que para los escritores del Nuevo Testamento la idea de anular el mal de los vigilantes podría haber sido parte de la teología de este Tikkun Olam.

Segundo, una parte esencial de la tradición judía posterior es la creencia de que cuando el Mesías venga, todas las cosas serán reparadas. Incluso algunos textos judíos dicen que los cerdos serán kosher en el tiempo de la redención. Sin embargo, solo una persona podría reparar el mundo de manera tan profunda —solo una persona podría anular el mal y restaurar el orden divino del Cielo y la Tierra: el Mesías—.

Así pues, si tenemos en mente todos estos elementos de la teología judía —siendo los vigilantes responsables de esparcir el mal sobre la tierra; el concepto de Tikkun Olam, reparar el mundo; la creencia de que cuando venga el Mesías, todas las cosas serán reparadas— entonces podremos ver que el Nuevo Testamento está construido sobre esta creencia del Tikkun Olam Mesiánico —anulación mesiánica del mal—. Y aquí hay otro ejemplo sorprendente:

La Transfiguración de Jesús

¿DÓNDE TUVO LUGAR LA TRANSFIGURACIÓN?

En los tres Evangelios Sinópticos leemos la historia de la transfiguración; es importante resaltar que en todos los tres Evangelios, este evento dramático sucede justo unos pocos días después de la confesión de Pedro:
1Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos; 2 y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. 3 Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él. (Mateo 17:1-3).

¿Dónde tuvo lugar la transfiguración? ¿Cuál fue esa “montaña alta”? Iniciando desde los primeros padres de la Iglesia, ha sido ampliamente creído que el lugar de la transfiguración fue el Monte Tabor, situado en la baja Galilea, al oeste del Mar de Galilea. Sin embargo, ni los mismos Evangelios mencionan esta “alta montaña”. Así, junto con la “tradición del Monte Tabor” (y muchos académicos todavía mantienen esta opinión), otra tradición ha sido desarrollada, reclamando el Monte Hermón como el lugar de la transfiguración.

El Monte Hermón es la montaña más alta de Israel, localizada en el extremo norte del país, no muy lejos de la ciudad llamada Cesarea de Filipo. En Mateo 16, donde Pedro confiesa que Jesús es el Mesías, leemos: “Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” (Mateo 16:13). Tal como mencioné anteriormente, en los tres Evangelios Sinópticos, la transfiguración sucedió después de la confesión de Pedro, así pues, esto ciertamente daría sentido a que este dramático evento tuviese lugar en la misma región donde sucedió la confesión de Pedro. Por eso, independientemente de la historia de los vigilantes, simplemente basándose en la proximidad de Cesarea de Filipo y en la altura de la montaña, algunos académicos identifican el monte de la transfiguración como el Monte Hermón.

Esta identificación viene a ser más significativa si miramos atrás en la historia de los vigilantes. Recordemos que, según I de Enoc, el Monte Hermón fue el lugar en el que descendieron los vigilantes. Allí ellos se ataron con el juramento de corromper la humanidad:
“Entonces ellos juraron juntos y se ataron unos a otros con la maldición. Y eran todos ellos, doscientos, los que descendieron en los días de Jared sobre la cima del Monte Hermón” (I de Enoc 6:5,6)

Si tenemos esto en mente, estaremos de acuerdo con el Dr. Heiser, que “para los judíos de los tiempos de Jesús (y para la era de la Iglesia primitiva), el Monte Hermón vino a ser emblema de la transgresión de los vigilantes y de los terribles efectos perjudiciales que tuvo para la humanidad.” En este contexto, todo el evento de la transfiguración se vuelve más dramático. Piensa en ello: Jesús sube al Monte Hermón precisamente para su misión —anular la maldad esparcida desde el Monte Hermón—. La transfiguración marca un punto de retroceso en los Evangelios Sinópticos, especialmente en Mateo: después de eso, vemos a Jesús tornándose más a Jerusalén, y al sufrimiento y muerte que le esperan allí. Sin embargo, antes de eso, sucede este evento dramático: Jesús es transfigurado y revelado con su gloria celestial sobre el Monte Hermón. El significado de esta manifestación es claro: “La maldad comenzó a esparcirse desde aquí, y yo vengo a anular esta maldad y a reparar el mundo”. “Cuando Jesús eligió ir al Monte Hermón y ser transfigurado, Él lo estaba reclamando para el Reino de Dios”.

Este es el último artículo repasando el maravilloso libro del Dr. Heiser. La próxima vez seguiremos comentando I de Enoc, pero estará enfocando en otros temas y características que hacen que este libro sea muy significativo para los estudiantes del Nuevo Testamento y para intentar entender la cosmovisión teológica del pueblo judío en la etapa del segundo templo.

Serie de artículos escrita por Julia Blum

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