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Ménage à trois

Por el profesor Isi Wolff

Sara presentando a la sierva egipcia Agar a su marido Abraham - Vicente Rodés y Aries (Real Academia Catalana de Bellas Artes de San Jorge)

Sara presentando a la sierva egipcia Agar a su marido Abraham – Vicente Rodés y Aries 

Tres triángulos amorosos bíblicos aptos para todo público

En el libro del Génesis, capítulo 12, versículos 10 al 20, nos cuentan que el primer patriarca hebreo Abram, junto con su estéril esposa Sarai, la simiente de su fallecido hermano Harán, su sobrino Lot, descienden a vivir temporalmente a Egipto debido a una gran hambruna, y una consecuente crisis económica, y laboral en la tierra de Canaán. Luego qué en la primera parte del mismo capítulo nos relataron la sublime epopeya en la cual yendo tras la orden Divina, habían ascendido a vivir en Canaán desde Arán en Siria, allí había arribado en el capítulo 11 Teraj, el padre de Abram, con su familia desde Ur Kasdim, Ur de los Caldeos, a los 75 años de edad.

Abram abandona su zona de confort en forma escalonada desde lo menos hasta lo más doliente. A fin de convencerlo Dios le promete siete bendiciones personales, nacionales, y universales, de las cuales se desprende que Canaán es la tierra prometida a él y a su simiente que nacerá, en el futuro.

En esos versículos Abram es descrito como un fervoroso monoteísta creyente que obedece sin chistar, partiendo a lo desconocido, sin preguntar ni dudar de Dios. Abram pasa por toda la tierra acampando en distintos lugares de Samaria, y Judea, llegando hasta el desierto del Neguev, levantando altares para sacrificar ofrendas a Dios.

En los versículos 10 al 20, ante la primera dificultad económica, Abram se va a Egipto sin consultar con Dios en busca de nuevos horizontes que le aseguren seguridad alimenticia y laboral. La enorme fe que tenía en la primera parte del capítulo se debilita. Abram se comporta en forma realista yendo a Egipto, pero en lo que a confianza y fe respectan fracasa, ya que no espera que la Promesa Divina se cumpla.

Al llegar a Egipto, desobedeciendo el Mandato Divino original, Abram agrega al pecado de su poca fe, la estereotipación generalizada de los egipcios como incorregibles e inmorales calentones capaces de asesinar a un hombre para quedarse con su bellísima mujer. ¿Cuán bella podía ser ya Sarai a sus casi 75 años?

Obviamente hay aquí un guiño del escritor que nos dice que lo que les gustaba a los egipcios de ella era su contextura cromática y epidérmica distinta de la de ellos. Cómo si esto fuera poco, Abram al creer que corre peligro por su atractiva esposa le ordena mentir diciendo que es su hermana (formalmente no es incesto ya que, de acuerdo al orden narrativo literario de la Torá la ley aún no fue promulgada por Moisés prohibiéndolo, eran muy comunes esas uniones en las sociedades tribales de la antigüedad) dato que complica severamente al Plan Divino urdido por Dios.

Al creer de bona fide los egipcios que Sarai era su hermana, el faraón la compra como esposa, de las manos de su «hermano» Abram, pagándole importantes bienes y beneficios materiales en animales, esclavos, fámulas «esclavas» (una de ella es Hagar, con quién Abram engendrara a Ismael, complicando más aún el argumento) llevándosela así el Faraón al palacio para poseerla, mancillando así su honor.

Como si esto fuera poco, Dios interviene castigando injustamente al inocente faraón que actuó de buena fe, acorde con el protocolo de la sociedad patriarcal con el envío de grandes plagas. Si a esta altura el gran patriarca, considerado fundador de la fe monoteísta ética, Abram, se les cayó del pedestal haciéndose añicos, no los culpo en absoluto.

También el autor del relato del Génesis 20, versículos 1 al 16 se sintió igual y pensó un siglo más tarde (en el siglo 8) que sería bueno «remodelar», y reparar los daños de imagen que habían sufrido todos los personajes israelitas, Yahvé incluido en el terrible, y «anti ético» relato del capítulo 12.

En el relato del capítulo 20, el rey es Abimelej rey de Gerar, en la tierra filistea, esta vez, sí bien Sara es llevada al palacio del mismo, el rey no le pone un dedo encima ya que Dios se encarga de advertirle que se trata de una mujer con dueño, por lo tanto el honor de nuestra matriarca queda esta vez a salvo, y Dios es pintado como una Deidad Justa que juzga, y recompensa con equidad.

Si bien Abraham sigue equivocadamente pensando que entre los extranjeros no hay «temor de Dios» porque son inmorales, no miente ya que aquí nos enteramos que Sara supuestamente es su media hermana, pero como gracias a Dios (expresión nunca mejor usada que en este caso) no fue desposada y penetrada por el rey. Abraham no cobra sus honorarios de cafishio gigolo, y si bien recibe presentes del rey filisteo son sólo regalos voluntarios, recompensa por el mal rato.

Sin embargo, éstas «reparaciones quirúrgicas literarias» de urgencia que mejoran en forma sin igual la terrible impresión amarga del lector del capítulo 12, no le son suficientes a un tercer autor que en el capítulo 26 decide que llegó la hora de convertir este pasquín erótico pornográfico en una infantil telenovela de la tarde para criadas chismosas.

Es así que nos relata con un humor inigualable que al pasar el rey filisteo por la casa de Isaac (el segundo patriarca, ustedes saben, tercera temporada, hay que cambiar de protagonista para que el rating no descienda) ve a través de la ventana como Isaac y Rebeca su «esposa hermana», franelean en un pasional «juego previo» (está escrito textualmente «Itzjak metzajek et Rivkah ishto», el verbo «letzajek» con las letras hebreas de raíz tzadik / jet / kof (צחק) que en sus diferentes conjugaciones puede significar jugar, reír, pero también «franelear», [ustedes saben arrumacos, caricias, mimos, abrazos y otras actividades que como docente y educador no puedo enumerar. Confío en vuestra febril imaginación]), consiguiendo así crear otro hermoso midrash, explicación del nombre propio de Isaac (pronunciado Itzjak en hebreo) que en los capítulos 17 y 18 se fijó así. “Itzjak reirá”, en construcción “litzjok”, ya que Abraham y Sara rieron al oír que serían padres a los 100 años de edad, también proviene de jugar, actuar, acosar sexualmente, burlarse, y también lo que dije antes, (juego erótico previo) percatándose así que son «algo más que hermanos».

Aquí ni siquiera la mujer es secuestrada al palacio, el patriarca de turno no miente del todo ya que si bien no eran hermanos eran primos, y tampoco recibe ningún beneficio material, y Dios ni siquiera es llamado a escena pues no hace falta.

Vemos aquí en ésta concatenación intertextual intra-bíblica una increíble «correspondencia» entre tres distintos autores de tres siglos diferentes,9,8 y 7 AEC que se cartean entre sí creando lo que se da en llamar hermenéutica intra-bíblica, o sea ya el midrash para explicar la biblia nace en la misma biblia, tendencioso y subjetivo, se trata de suavizar un relato grosero, machista, cosificador, inmoral hasta convertirlo en una novelita de las 5 de la tarde, para reestablecer los vínculos entre los lectores y sus personajes principales, los patriarcas, y en particular con Dios que no se vea como una Deidad injusta y caprichosa que castiga injustamente a inocentes.

Debo aclarar que este análisis no está realizado a partir de la teoría documental de Wellhaussen, ya que en la misma decían que estos tres relatos eran diferentes versiones de un mismo evento ocurrido, y no es así la cosa; sino qué sí bien hay tres versiones, y autores, la primera parió a la segunda, y ésta a la tercera. Así el lector que lea Bereshit de corrido cuando ya llegó al capítulo 26 olvidó casi por completo el mal trago sufrido que bebió cuando leyó el capítulo 12 (mis alumnos que por culpa de las memorias en sus celulares no se acuerdan ni de sus propios números de teléfono de memoria de seguro ya lo habrían olvidado a esta altura).

El método utilizado aquí se conoce como «close reading» literario histórico practicado por los profesores Meir Weiss, y sus dos brillantes discípulos, mis grandes maestros, los profesores Yair Zakovitch y Avigdor Shenan. Consiste en un análisis textual literario lingüístico minucioso que no pierde pisada a nada.

Finalmente nos queda dilucidar qué es lo que causó la escritura del capítulo 12, versículos 10 al 20. Si bien mi amor por el Tanaj entre otras cosas proviene de que a diferencia del Nuevo Testamento, donde los protagonistas, no beben, no fuman, no se drogan, no tienen sexo y no cruzan semáforos en rojo, son perfectos que ya no son seres humanos sino dioses imposibles de identificarse emocionalmente con ellos a nivel psicológico de tanta perfección, en el Tanaj las figuras más emblemáticas son de carne y hueso como uno y a veces son sublimes y otras terribles, exactamente como cualquiera de nosotros, son amorosamente imperfectos y por lo tanto factibles de imitar, en el capítulo 12 confieso que hay «too much information», se les fue la mano con la sinceridad.

¿Qué le provocó a su autor tanta sinceridad toda junta? Pues bien, sí analizamos algunas expresiones como gran hambruna, plagas y otras veremos que hay aquí una anticipación premeditada a los eventos que ocurrirán al final del libro de Génesis, el descenso de los israelitas a Egipto y principios del Éxodo, la epopeya libertadora de Moisés en el Éxodo egipcio.

¿Para que querría el autor del capítulo 12, crear tales nexos entre ambas narraciones? Muy simple, en el Tanaj cuando le ocurre algo malo al pueblo de Israel es un castigo divino por pecados cometidos en generaciones pasadas, «los padres comen del fruto inmaduro pero los dientes de los hijos son los dañados», la recompensa, castigo o premio es postergada a las generaciones venideras.

El relato viene a decirnos su mensaje teológico en una sutil forma: Los israelitas descendieron a Egipto despreciando a su tierra Canaán así como lo hizo su primer patriarca desobedeciendo a Dios, y al descender (en hebreo emigrar de Israel al extranjero se dice laredet descender y emigrar a Israel es laalot ascender) físicamente descendió Abraham y sus descendientes descendieron moralmente y se complicaron, Abraham se convirtió en un «cornudo cafishio gigolo», consiente que cobra por su esposa, y sus descendientes fueron esclavizados por los descendientes de aquél faraón castigado injustamente.

Así es dable explicar desde el punto de vista religioso teológico el por qué se merecían los israelitas sufrir cuatro siglos de esclavitud egipcia, por «culpa de los pecados» de su padre fundador.

Bueno, entiendo que es un poco largo y complicado pero espero que se hayan divertido así como se divierten mis alumnos adolescentes, llenos de hormonas, cuando analizamos juntos esta maravillosa trilogía construida en una forma literaria perfecta, que ni Cervantes, ni Borges, ni la autora de Harry Potter podrían jamás inventar!

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